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Entrevista a Gabri Ródenas, autor de 'La abuela que cruzó el mundo en una bicicleta'

Entrevista a Gabri Ródenas, autor de 'La abuela que cruzó el mundo en una bicicleta'

Hablamos con Gabri Ródenas, uno de los autores más interesantes del panorama actual, sobre su nueva novela La abuela que cruzó el mundo en una bicicleta, una obra inspiradora sobre la magia de las pequeñas cosas.

¿Cómo definirías a La abuela que cruzó el mundo en una bicicleta?
Como un texto cuyo objetivo es insuflar una buena dosis de esperanza, motivación, alegría, ilusión y valor en estos tiempos que corren. Por lo demás, es mi novela más «japonesa», a pesar de desarrollarse en México, y un buen resumen de mi propia filosofía de vida, la que sigo en mi día a día.

¿Quién es Doña Maru?
Es una manifestación del amor, la dulzura, el perdón, la paciencia, lo auténtico, ¡y está basado en un personaje real! Me llamó la atención el desafío de convertir en protagonista a una anciana de noventa años. Rara vez suelen aparecer en las novelas y mucho menos ocupando un papel central. Adoro la sabiduría que destilan las personas mayores y me entristece mucho el lugar al que solemos relegarlas. Esta novela es también un homenaje a ellos, a ellas y a su legado.

¿Por qué decidiste ambientar la historia en México?
Tengo una cierta fijación por los desiertos y su dimensión más espiritual. La verdad es que no es la primera vez que ambiento total o parcialmente una novela en México. Ya la mitad de mi primer trabajo extenso, Doppelgänger (2004), tenía lugar allí. Don Juan —el personaje de Carlos Castaneda—, El Zorro, mi gusto por la imaginería mexicana, mi devoción por el maestro Guillermo Arriaga, la estela de Juan Rulfo y su Pedro Páramo... Hay algo en México que es a la vez salvaje y místico. Tendría que pensarlo con más detenimiento, pero México, las gasolineras y los gatos son elementos omnipresentes en mi obra. Todo un misterio.

¿Por qué en la introducción dices que el lector necesita superar los dos primeros capítulos?
Advierto una cierta tendencia a buscar la gratificación inmediata, a saltar de una cosa a la otra sin que nos paremos a pensar por qué hacemos lo que hacemos o vamos en la dirección que vamos. Cada vez se publican más y más libros sobre hacerse rico al minuto, encontrar el amor al segundo, conseguir que el universo te envíe lo que pidas con sólo chasquear los dedos; libros repletos de discursos enlatados, clónicos, llenos de consignas manidas. Pero no hay una receta para lograr la felicidad o el bienestar al instante. Es una gran mentira y creo que puede llegar a resultar perjudicial, ya que parece decirle a los lectores y lectoras: «Eh, te he dado la fórmula. Si no consigues ser feliz a la de ya es porque eres doblemente inútil». Tampoco creo que haya que pasarse la vida en un estado de felicidad constante y a toda costa. Sencillamente no es así, es falso. Los seres humanos no funcionamos de esa manera.
Quería que el lector «superase» ese primer desafío para dignificarlo. Para que tuviera la sensación (cierta) de que se estaba ganando el fruto de su propio esfuerzo, en lugar de darle un parche temporal. Para que se hiciera preguntas y tuviese ocasión de descubrir por sí mismo (misma) por qué quería adentrarse en un viaje de autodescubrimiento. Y, ¿por qué no decirlo?, porque me apetecía escribir un par de capítulos bellos por el mero placer de hacerlo [Risas].

¿Estamos ante una novela o ante una obra de desarrollo personal?
¿Qué es El principito, El alquimista, Juan Salvador Gaviota, El Caballero de la armadura oxidada...? Yo no soy un coach o un gurú (ni pretendo serlo). Soy un escritor que ha considerado que tenía que aparcar su línea habitual para escribir una novela sencilla, bastante poética, que fuera de utilidad para lectores y lectoras de todas las edades, sin llegar a escribir un libro infantil ni abandonar mi compromiso con la literatura. ¿Tiene algo de desarrollo personal? Claro que sí, y lo muestra sin pudor ni temor a dejar al descubierto algunas costuras. Soy un fanático de los libros de desarrollo personal y de la filosofía de aquí y de allá, pero, por encima de todo, me considero un escritor de ficción. Dicho esto, sería absurdo, empero, negar que La abuela que cruzó el mundo en una bicicleta da buena cuenta de mi propia evolución personal.

¿Te gustaría añadir algo más?
Tan sólo invitar a los lectores y lectoras a subir en esta bicicleta. El viaje no les defraudará y, al menos eso espero, disfrutarán de la lectura de un texto fresco, ágil, y bastante atípico; un libro-bomba que les hará reír a partes iguales durante la lectura y mucho después. Un viaje hacia su propio interior, donde ellos y ellas serán los verdaderos protagonistas de la historia.
 

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